Que lluevan flores salvajes

1.

Cuando llego la lluvia

con reproches, a medio tiempo,

cantando en staccato-

El era desierto.

Ella

el secreto del auge de los caudales,

la fuerza de olas furiosas.

Más solo se veían en sueños de tierras planas

verdes, lamiendo frutos a flor de piel,

derroches de sol con brisa fría.

Más solo se encontraban en el vaivén de las horas,

en los hangares de medianoches tenues.

Ella no estaba lista para dejarse llevar.

No se quería dejar doler

en coaliciones,

perderse en los colores de las combustiones,

no quería acurrucarse en las caricias del calor

o en las ondas suaves del silencio y atardecer

de los susurros de mañanas a labios a las sábanas al sudor –

bailando en agua.

No es hoy el día para ahogarme

entre deseos y orgasmos,

que a lazos entrelazan

se erode el alma

y no se quiere dejar doler.

Bailando en agua dulce

la quietud de tus días,

frívolo el silencio de la verdad.

No has hecho nada más en mi

que recordar el no querer dejar doler,

porque es azul, no el amor

sino el dejarse doler

en las combustiones y

en sentirlo al lado en su cama

entre parpadeos, besos,

dejarse doler a medio sueño.

 

2.

Desnudar a un desierto. La arena como reloj –

midiendo los días con los átomos de su esencia.

 

3.

Comernos nuestros cuellos

que muerdas mis pezones

pero no bajes de la raya de mi ombligo.

¿En cuantos días me olvidarás?

Si vale la pena cruzar el globo

si volver a mis montañas

una cuna verde,

o si volver

a tu desierto.

Si volver a esperar que me quieras querer.

que me rebeles en palabras

el secreto en la simpleza de tu sonrisa.

Lo que siento al arrancar tomates cherry

de viñedos frondosos en medio del Negev.

Un mordisco es lo que toma para sentir

esa pequeña explosión que es todo el sabor,

que quizá dure más que mi recuerdo,

mientras trago y ruego que si quizá vuelvo

me puedas querer a tiempo completo.

Pero mejor,

no bajes de la raya de mi ombligo.

Ahí encierro el secreto a la cordura

(de como perderla).

perdiéndose en otras pieles.

No bajes de la raya de mi ombligo.

Temo no encontrarás salida.

Si empiezo a besar las esquinas de tu alma,

ni tu sombra se salvará

de sentir la carne de mi boca.

 

No bajes de la raya de mi ombligo

quizá encuentres un portal,

quizá te muerda

una flor salvaje.

 

4.

No te apresures en dejar tus batallas.

Eres el espíritu de la guerra

en músculos y espalda.

Tal vez no quieras conocerme

ya que no cargo armas,

pero puedo desarmar tu sonrisa

y hacer bailar aquello suave dentro de ti.

Que ahora te sigues rompiendo en batallas

nadando en aguas frías

sudando caudales de opresión heredada.

 

No quiero asustarte con un amor rapaz

quizá violento

por que las caricias

son tan suaves que envenenan.

a momentos quiero

que me enredes entre tus brazos

que me enseñes la guerra estática del desierto.

 

5

Quiero revolucionar mis entrañas

con la química de tu saliva

Pero no quiero

que me ocupes.

 

6

La vida esta esperando la temperatura perfecta del té.

La vida esta en recordar a los uteros furiosos,

los que cuentan que la vida es para el buen sexo,

para conocer hombres que te den historias

y después olvidar todo menos la textura de sus manos.

Porque la vida esta en una taza de café, limpiando la cocina,

en que el polvo siempre vuelve y los platos se ensucian.

La vida esta en las vueltas del esófago,

en que me digas que tu corazón esta caliente

pero no entiendas

cuando te diga

ha sido

un placer

cruzarnos

por este mundo.

 

7

A veces me quiero perder en los desamores –

en las ansiedades de mi estomago

lo lleno que se siente mi útero cuando sangro,

lo llena que me siento,

y en ti,

pero sigo llena.

 

8

Ahora me acompaña el olor dulce a granada

y la dureza de tus nalgas

mientras me sostienes contra la pared

y el baño desaparece en vapor.

Ahora me voy por un tiempo

y quizá olvide tu nombre

y tu olvides mi cuerpo y sueños.

Pero no olvido el poder del desierto.

No olvido las aguas dulces del kineret,

lo único que fluye entre fronteras,

atardeceres morados, explosiones a la distancia.

Que no encuentras centro en la gran paradoja de ser quien eres,

de amar tus raíces con una pasión atropellada,

de odiar las políticas que te construyen quebrado.

 

9

el desierto

aunque sediento no sabe beber

cuando llueve se inunda,

cráteres de tierra roja

piscinas de agua fría

se abandonan a la imposibilidad

de su existencia.

Galaxías de ríos que se conectan entre tierras

en las que no danzan,

esperan calladas desesperadas

las pozas de agua.

Algún día las aguas prisioneras escapan,

renacen en el lecho de una nube.

Aún así

se vuelven a lanzar

sin paracaídas.

 

10

No bajes de la raya de mi ombligo.

No conociste estas nalgas que me llevan caminos,

no escapaste al largo de mis piernas,

vinieron conmigo a traerme a montañas y nieve

a conocer otros hombres con otras lenguas

manos finas que no temen de explorar.

Ya te olvide y ya me olvidaste.

Nunca supiste que

de la raya

de mi ombligo

fluyen aguas que hechizan como los canales de Venecia

pronta a sucumbirse en su propia belleza.

 

11

del desierto al trópico

conocí a alguien que existe entre combustiones.

Quería renacer en mi como la hiedra,

encontrar los espacios suaves de mi útero

reposar en la oscuridad,

a ojos cerrados quería

que lo abrace mi esencia,

que lo amarrase y lo dejase sin mundo

más que el mío.

por eso

lo dejé ir.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s